La gente siente mayor temor a viajar en avión que en bus, siendo que estadísticamente el riesgo de sufrir un accidente en bus es considerablemente mayor que el de sufrir uno en avión. Curiosamente, lo mismo ocurre respecto de la energía nuclear, pero a diferencia de muchas personas, nosotros sentimos que es mucho más confiable, segura y amigable con el ecosistema que otras fuentes como el carbón, el petróleo o el gas natural.
En efecto, la energía nuclear es más confiable que el petróleo o el gas natural; por lo menos para nuestro país, que al carecer de fuentes propias de estos elementos se ve expuesto a importantes amenazas geopolíticas.
Asimismo, es más segura, pues la tecnología actual y los estándares de calidad de los edificios de contención que albergan los reactores nucleares permiten que éstos resistan incluso el impacto de aviones y huracanes. Finalmente, es más amigable; pues no libera gases tóxicos o de efecto invernadero a la atmósfera lo cual es uno de los principales temas de la agenda internacional debido al calentamiento global.
Usualmente se esgrime frente a los argumentos recién reseñados una sola palabra: Chernobyl. Sin duda es una gran herramienta retórica, tal como en otra época lo era acusar al enemigo de brujería o pacto con el diablo. Pero hoy es sabido que este lamentable accidente se debió a deficiencias técnicas, que no es del caso detallar aquí.
Desde luego, es un hecho que la energía nuclear cuenta con una inmerecida mala fama; cada vez que este tema se plantea, la opinión pública tiende a considerar a quienes la promueven como despreocupados lobbystas de intereses empresariales ajenos a los problemas del ecosistema. Es curioso, pero la realidad es otra: para Chile energía nuclear significa independencia energética y geopolítica, seguridad, y lucha contra el calentamiento global.
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